Coincidiendo con el final del siglo XX y con el comienzo del XXI, un grupo de amantes de la música procesional, empiezan a trabajar para dotarse de una herramienta eficaz que plasme y defienda los intereses de los músicos de Sevilla, todos esos que desde hace décadas dedican su tiempo y su esfuerzo en deleitar a propios y extraños con sus marchas.
Ese empeño tuvo sus primeros frutos el 5 de febrero de 2003 cuando se creó en Sevilla el Consejo de Bandas de Música Procesional. Su primera junta directiva estaba formada por Francisco Flores Jaime, Miguel Ángel Flores del Río, Juan Antonio Campos Camacho, Tomás Aguilar Duque y el promotor de la iniciativa, Juan Miguel Bazaga Gómez, que fue elegido presidente.
El Consejo, constituido como entidad sin ánimo de lucro y en marcha desde entonces, tiene como objetivo fomentar y difundir el patrimonio de las formaciones musicales de Sevilla, potenciar la educación cultural y musical a través de la creación de distintas aulas de música, fomentar la integración y el desarrollo de la juventud en la sociedad a través de la música procesional, conseguir espacios y locales para el desarrollo de las actividades de cada formación musical, colaborar y apoyar a las bandas y dignificar los lugares de ensayo.

Esos ambiciosos objetivos buscan, además, terminar con el tópico de la desunión entre las bandas y hacer del Consejo de Bandas de Música Procesional de Sevilla un órgano que represente a las formaciones musicales ante la Administración, en cualquiera de sus ámbitos, ante la iniciativa privada y ante las fundaciones y organismos que puedan ayudar al desarrollo y engrandecimiento de las bandas.
Desde aquel ya lejano febrero de 2003, el camino no siempre ha sido fácil. Es verdad que el proyecto de aquellos fundadores del Consejo es una realidad, pero no lo es menos que para ello ha habido que salvar escollos que, en ningún caso, hicieron a los promotores pensar en tirar la toalla.
Las primeras reuniones del Consejo se celebraron en locales cedidos por asociaciones de vecinos o en dependencias de los Reales Alcázares hasta que en 2005, el Ayuntamiento de Sevilla -estrecho colaborador del Consejo desde su Delegación de Fiestas Mayores-, cedió para sede del mismo, un local de la calle Temprado donde hoy está la central.

Esa sede, como cualquier otra, de nada hubiera servido si el Consejo no estuviera formado por personas entusiastas, empeñadas en poner en valor la música procesional y en defender y enaltecer a quienes la crean, diseñan e interpretan. Con el paso de los años, al Consejo se han ido sumando las bandas de Sevilla. En total forman parte del mismo una veintena de formaciones musicales de la capital que aglutinan a más de 2.000 personas, de las cuales el 70 por ciento son menores de 24 años, y cada día se reciben peticiones de bandas de Sevilla y de su provincia interesadas en engrosar el censo del Consejo que en la actualidad preside Julio Vera Cuder.
No sin esfuerzo, el Consejo lleva meses cumpliendo sus objetivos principales: difundir la música procesional y representar a las formaciones musicales a las que defiende y aúna. Ello ha sido posible gracias a la entrega y al interés de los miembros del consejo por dignificar el día a día de cientos de personas para las que la música procesional es y continuará siendo un estilo de vida.
En la actualidad, los responsables del Consejo trabajan en la remodelación de sus estatutos para hacer de la entidad un instrumento aún más eficaz para las bandas. Además, están inmersos en la construcción de la ciudad de la música y están ultimando la celebración, del 1 al 8 de diciembre de este año, del I Congreso Nacional de Bandas de Música Procesional “Ciudad de Sevilla” que convertirá a la capital de Andalucía en referente de la música cofrade.
Queda mucho por hacer, pero los cimientos están echados. El Consejo está abierto a todo tipo de sugerencia que contribuya a mejorar el día a día de las bandas y de sus componentes que son, en definitiva, su razón de ser.
